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jueves, 25 de junio de 2015

VERANO CON VISTAS



Bueno, pues aquí está el verano de nuevo, con esa gama de azules que a mí me gusta tanto... Así que voy a dejar un momento la bici y voy a disfrutar del paisaje, de las maravillosas vistas de esta ruta imaginaria que empecé hace ya más de un año, y que me ha llevado a conocer tantas cosas y tantos sitios diferentes... 



Y voy a asomarme desde la terraza de esta impresionante villa romana que he encontrado al azar, a contemplar ese cuadro de la Naturaleza tan profundo, majestuoso e irrepetible que se divisa a lo lejos, con el azul inmenso del mar y del cielo como fondo, recortado por unas montañas cubiertas totalmente de verde y esas notas de alegría de las flores que, en primer plano, pero al margen, convierten en realidad una imagen que, sin ellas, parecería un espejismo, un sueño... Y es entonces cuando me quedo totalmente en blanco, incapaz, pese al enorme silencio, de concentrar mi mente en nada que no sea  la belleza del lugar, el leve sonido del viento y el aroma de esas flores que enmarcan la imagen y le dan la vida... 

Sa Cova D'en Xoroi (Cala'n Porter, Menorca)
Luego, al anochecer, me sentaré en ese chiringuito que asoma desde el acantilado, casi colgando sobre el inmenso vacío azul que le rodea,  y me embriagaré de tanta inmensidad...Y así me iré deleitando con otras muchas imágenes más, igualmente grandiosas que todos quisieramos retener, hacer nuestras, para fabricarnos nuestro propio paraíso, ese lugar al que volver siempre, aunque sólo sea con la imaginación, para sentirnos especiales, diferentes del resto.

Playa de Levante ( Benidorm). Foto de Miguel LLinares Altea

Y es ese afán de los humanos por tener nuestra parcelita de Paraíso, en exclusividad, lo que hace que se paguen cantidades exhorbitadas, por conseguir un sitio con vistas, cuanto más cerca de la playa, mejor, y así poder estar, como quien dice: "tocando el cielo, con los piés en la tierra", sin tener que viajar al " Más Allá". Todo un lujo al que tienen acceso unos pocos privilegiados con alto poder adquisitivo, en detrimento, desde luego, de la conservación de la Naturaleza y del Medio Ambiente.


Un egoísmo del que sacan provecho, no sólo éstos, al poder disfrutar de esas maravillosas vistas desde un sitio preferente, sino, sobre todo,  los que permitieron, en su día, la venta de estos terrenos; aquéllos que quizá con la excusa de atraer la inversión, el turismo, la creación de empleo y el enriquecimiento en general de la zona, creyeron hacer un buen negocio, quiero pensar que para el interés general y no por el interés propio, y que, aún así, será algo que, probablemente les demandarán las generaciones venideras.


Yo debo reconocer que, si puedo, pago lo que me pidan por una de esas terrazas frente al mar. Al menos, por alquilarla durante el mes de vacaciones, aunque cueste el doble o el triple que otra de las mismas dimensiones, situada cincuenta o cien metros detrás. Bien es verdad que tampoco es necesario que estén en primera línea, tan cerca. Hay casas con unas vistas panorámicas increibles, formando urbanizaciones alejadas de los núcleos urbanos que ofrecen, además, la paz y tranquilidad que no pueden darte éstos, abarrotados, por lo general, en esta época, de veraneantes que invaden las terrazas de los bares, discotecas, chiringuitos y tiendas de recuerdos, con el consiguiente agobio.


Porque, y esa es otra, cuando una sueña con las vacaciones o con el verano, sueña con eso, con lugares y sitios exclusivos, playas solitarias y paradisiacas, arena fina, palmeritas, hamaca...


...pero la realidad te despierta de momento, cuando te das cuenta de que, para poder llegar a la barra, no ya de tu bar preferido, sino del chiringuito de al lado, tienes que esperar media hora hasta que el camarero se percata de tu existencia y esas "tapitas" con las que has soñado durante todo el año, no te llegan a la boca, de tantos  codazos que recibes de la gente  que te rodea. O cuando intentas dar un paseo por la playa y terminas andando de lado para evitar chocarte con los que vienen de frente. O cuando para poder nadar sin que salga alguien lesionado, tienes que adentrarte casi un kilómetro en la playa, y, encima, pensando que por debajo, en cualquier momento,va a aparecer ese pedazo de tiburón de la peli que a muchos nos tiene tan traumatizados...

Exagero, o no?

Así que, no es extraño, sentirse un privilegiado o privilegiada cuando tienes la oportunidad de ver la "marabunta" desde lejos, digamos que por encima, cómodamente sentado en tu terraza, con tu bebida preferida, y sin más límites en tu visión que el horizonte azul inabarcable de un mar y un cielo que, a lo lejos, se confunden. Y si te apetece darte un bañito, bajas a las horas en que el gentío se retira, y te metes en el agua, saltando las olas, sin temor a que te den un empujón o a caerte encima de alguien. Y empiezas a nadar, y vas nadando lentamente, disfrutando de cada brazada, siempre en horizontal a la playa, sin más estorbos que el suave vaivén del agua...


Y luego te tumbas  en la arena, relajada, y te doras al sol del atardecer mientras lees un libro o simplemente te distraes, mirando el vuelo de las gaviotas...

...para acabar la jornada con una cenita ligera en la terraza de casa, al anochecer, cuando el sol está a punto de ocultarse en el horizonte y a lo lejos se oye el rumor de las olas...


        Y es entonces cuando sientes que, por unos momentos, estás en el cielo y que, ¡ por fín!,  han empezado tus vacaciones...

                                                         ¡¡¡Arrivederci!!!!

Esta Entrada pertenece al blog: " La Caraba en Bicicleta", cuya autora es Monni Della Hesk. Si la copias, al menos, deja su enlace. Así de fácil: http://lacarabaenbicicleta.blogspot.com.es/
                    

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