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jueves, 21 de abril de 2016

PRIMAVERA

No es mi estación del año favorita porque me desconciertan sus cambios bruscos de tiempo, y yo creo que eso me  influye a la hora de organizar el día a día, aunque sea en algo tan simple como no saber qué ropa ponerme.

Y es que te levantas y está el cielo totalmente raso, así que te abrigas ex profeso para el frío de la mañana, que todavía es algo más que un relente y sigue empañando los cristales del coche como en invierno. Pero como luego, al mediodía, sube la temperatura hasta 8 o 10 grados, te vistes, por si acaso, en plan cebolla, para irte despojando de las prendas a medida que avanza la mañana...                                              
Hasta ahí todo perfecto.El problema es que te has calzado las manoletinas, porque a las 8 de la mañana estaba el cielo despejado..., y cuando vas a salir del trabajo, empieza a llover a mares.... "Jarreando", que es gerundio, vamos...


Una auténtica y verdadera castaña, porque cuando llegas a casa, te plantas las botas para salir por la tarde, te cuelgas del brazo el paraguas y resulta que, en un cuarto de hora, el cielo ha vuelto a ponerse azul, el sol aprieta con ganas, y te sientes, mientras vas por la calle, como si vinieras de otro planeta, incómoda y extraña.


Y de los cambios de luz, ya ni te cuento. De un sol radiante, a las 11 de la mañana, a unas nubes plomizas y bajas a las cuatro de la tarde. 


Casi de noche al mediodía y la luna llena en un cielo totalmente despejado, a la una de la madrugada....

Y lo peor de todo es que estos vaivenes de temperatura y de luz nos afectan a la salud del cuerpo y de la mente, dando lugar a la famosa astenia primaveral, por no  hablar ya de las alergias, las rinitis y el asma, agravados en esta época.

Pero bueno, tampoco hay que verlo todo tan negro... Y para eso, nada mejor que lo que han hecho Dolce&Gabbana, en su colección Primavera-Verano 2016, sugiriendo para nuestro look en esta época, ese toque especial que convierte lo negro más negro, tradicionalmente serio, elegante y austero, en algo divertido y naïf. 

Y para eso se han valido de las margaritas, las flores más alegres y sencillas... Margaritas rodeando los bordes de las gafas, margaritas en los pendientes, en las pulseras. Margaritas en los botones, ribeteando el cuello, la cintura, los bolsos... Margaritas en los tacones...
¡¡¡Margaritaaaas!!!
Basta con ese sólo detalle: una flor que crece de forma silvestre en el campo, sin mimos, tan sólo con aquéllos que la Naturaleza quiere brindarle, para anunciar, sobre fondo negro azabache, la llegada de la primavera a las pasarelas de la Moda. 
Y algo que parece tan sencillo, necesita de mucho ingenio, habilidad y técnica para conseguir un efecto tan natural y elegante. Dar con la calidad de las telas, el corte impecable y ese diseño original y único, sólo es posible en los grandes creadores, cuyo trabajo luego se extiende a la gran mayoría de los mortales, a través de copias, más o menos afortunadas, creando la Moda.
Y es entonces cuando, ya sea sobre fondo negro o cubriendo el cuerpo de la mujer con un paisaje blanco cuajado de margaritas, ya nadie duda de que la primavera ha llegado y que está ahí, con sus pros y sus contras: sus aguas mil, sus cambios de temperaturas, sus alergias..., pero también, sus flores, de todas clases, dando colorido y perfumando jardines y plazas.
Y me despido, cubierta de rosas. No he podido resistirme cuando las he visto. Divertidas, elegantes, sofisticadas. Son también un regalo de Dolce&Gabbana.
¡¡¡Me las llevo!!!!

                               No todo van a ser  margaritas.... 

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