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lunes, 26 de septiembre de 2016

ESTA ENTRADA TIENE HUEVOS...



Hilando con la entrada anterior, he de decir que, para mí, una de las cosas buenas que tiene el hacer ejercicio de forma habitual, es que te puedes permitir determinadas licencias en el comer, sin que luego tengas que estar todo el día arrepintiéndote. Por ejemplo, cada vez que he salido a andar con alguna amiga, al final siempre nos hemos sentado en alguna terraza a tomar una cervecita con patatas fritas o lo que es peor, según la hora, a tomarnos un chocolate con churros, de desayuno. Oye y nada de remordimientos después, porque la “filosofía” se reduce a pensar algo tan simple como que, mucho peor hubiera sido habernos zampado todo eso, sin haber estado andando durante toda una hora antes. Es decir, “lo comido, por lo… andado”. Una especie de “ley de la compensación” muy "suis generis", inventada por nosotras, que lleva a poder comer de todo lo que nos gusta, sin ningún cargo de conciencia.


Bueno, pues yo he vuelto a las andadas y eso mismo me ha ocurrido ayer, tras el regreso de una larga caminata de una hora, a buena marcha. Me metí para el cuerpo un par de huevos fritos con patatas fritas, de los que todavía me estoy acordando. Oye, y tan tranquila!. Hasta mojé pan, pan, del de verdad, en cada una de sus yemas. Qué ricos, por Dios!. Estoy segurísima que de no haber sido por esa "ley de la compensación", yo me hubiera sentido fatal. ( lease en modo ironía ). De ahí que mi máxima sea: hacer ejercicio para luego comer lo que quieras. Y no me va nada mal...




Aunque, realmente, el huevo en sí, no es lo que engorda, sino el aceite en el que se fríe, y los ingredientes que le acompañan: ya sean patatas fritas, un buen choricito, pan y/o unas lasquitas de bacon y/o jamón... Todo un plato socorrido, contundente y exquisito. La excusa perfecta para aficionarnos a hacer ejercicio...


Aunque lo mejor de los huevos es su versatilidad. Además de fritos, se pueden tomar escalfados, pasados por agua o cocidos, en tortilla, y revueltos. Amén de ser el ingrediente base en repostería. Algunos, como los "estrellados", han hecho célebre a su autor y felices, por un instante, a quienes se los han comido...


Y no sólo se trata de un producto alimenticio sino la fuente de inspiración de numerosos artistas, en muy diversas disciplinas. Y uno de esos artistas no es otro que SALVADOR DALÍ, para quien el huevo era el elemento decorativo por excelencia, hasta el punto de que su Museo en Figueras y su Casa-Museo en Porlligat, aparecen coronados por ellos, a modo de originales pararrayos o distorsionadas almenas...

                     
                           Casa-Museo de Salvador Dalí en Portlligat







Teatro-Museo Salvador Dalí ( Figueres)


Al parecer, el pintor afirmaba que podía recordar el tiempo que estuvo en el útero de su madre. Por eso, para él, el huevo significaba amor, esperanza, vida preuterina, incluso el recuerdo de que él era una copia de su hermano, fallecido de meningitis, con tan sólo siete años, y del que sus padres le dijeron que él era su reencarnación.

"Metamorfosis de Narciso"

"Niño Geopolítico observando el nacimiento del Hombre Nuevo"
"Il momento sublime" 

"Huevos al plato, sin plato"
El ansiaba retroceder al mundo de los humanos antes de nacer. Una especie de limbo placentero, donde todos son sueños y a través de ellos, configurar la realidad a su antojo, sin que ésta llegara a "rozarle", con la seguridad que da la protección del seno materno. Philippe Halsman, en 1.942, lo "retrató" perfectamente.


            Tal era su obsesión por los huevos, que se le atribuye a Luis Buñuel, gran amigo suyo, la siguiente frase: “Salvador Dalí sedujo a muchas mujeres, en especial a mujeres norteamericanas; pero estas seducciones acostumbraban habitualmente a consistir en hacerlas acudir a su apartamento, desnudarlas, freír un par de huevos, colocarlos en los hombros de la mujer y ponerla de patitas en la calle sin haber articulado ni una sola palabra”.


No se yo que hay de cierto en eso. Más parece una "boutade" del director de cine, un sarcasmo de éste sobre las locuras del pintor, una vez rota la amistad entre ambos, que algo real. Aunque tampoco me extrañaría demasiado, dadas sus excentricidades y el carácter de fetiche que tenía el huevo para él, que podría servirle de aliciente para sus relaciones sexuales. Lo que sí me extraña es que ellas se dejaran hacer, salvo que les gustaran mucho los huevos y/o que el que les gustara verdaderamente fuera el artista y/o que éste les pagara muy bien por seguirle el juego. Estoy segura que a estas de abajo, no las hubiera despedido tan fácilmente... Fli-ppan-do se hubiera quedado...


Colección de Agatha Ruiz de la Prada Otoño-Invierno 2009. Homenaje a Dalí
Finalizo esta entrada, con un huevo, como no podía ser menos.  Pero no con un huevo cualquiera. Es el huevo cósmico. La fuerza alrededor de la cual gira todo el universo. El Amanecer de nuestra vida. Algunos se lo atribuyen a Dalí porque es muy de su estilo. Pero no. La obra pertenece a Wladimir Kush, un pintor ruso nacido en 1.965. Surrealista también.


                            Aunque yo me quedo con el maestro......


                                                          ¡¡ Diffffinoooo!!


Esta entrada pertenece al blog "La caraba en bicicleta", cuya autora es Monni Della Hesk. Si la copias, al menos añade su enlace: http://lacarabaenbicicleta.blogspot.com.es/2016/09/tiene-huevos.html

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